El propósito fundamental fue valorar las implicaciones de la evaluación del proceso de aprendizaje de los estudiantes, estableciendo la relación existente entre las prácticas evaluativas con lo planteado en los documentos curriculares vigentes; a fin de propiciar la reflexión de los diferentes actores del proceso educativo, contribuyendo de este modo a elevar la calidad de las evaluaciones que se realizan y de esa manera elevar los niveles de satisfacción de los involucrados (maestros, estudiantes, padres/madres, directivo).
La población involucrada y/o empleada en la investigación estuvo representada por trece maestras, con una edad promedio de 40 años, ochenta estudiantes, sesenta de sexo femenino y veinte masculino, con una edad promedio de 12 años, dos directoras con una edad promedio de 45 años, una de ellas religiosa consagrada, con el título de licenciada en educación y la otra pendiente de tesis de Maestría, laica. cuarenta y ocho padres/madres, treinta y seis de sexo femenino y doce del sexo masculino, con una edad promedio de 30 a 45 años a nivel de formación educativa. Treinta de esos padres son profesionales en diferentes áreas; los otros dieciocho se dedican a ejercitar algunos oficios, pero sí son letrados, algunos bachilleres. Los resultados de la investigación revelas el dominio conceptual que existe en los diferentes actores en algunos casos de manera parcial, también la incoherencia entre el discurso de los docentes y la práctica evaluativa en las aulas.
Las conclusiones más relevantes son: se aplica de manera parcial lo establecido en la 1-96 y el currículo vigente, sobre todo en lo referente al carácter participativo de la evaluación y el uso limitado de las técnicas e instrumentos de evaluación.